Imagen de una sala de espera moderna con un símbolo de ubicación como marca

El tratamiento masivo de datos llevado a cabo por las grandes corporaciones a través de estrategias Big Data ha hecho peligrar los estandartes de privacidad a los que los usuarios creíamos estar aferrados. Esta situación ha desembocado en una corriente de inseguridad generalizada; sin ir más lejos, este mismo año la red social más grande y rentable del mundo, Facebook, estuvo envuelta en un caso de fuga de perfiles a la agencia de propaganda política Cambridge Analytica.

La UE aprobó el pasado 24 de mayo una legislación más estricta que se recoge en el RGPD. Este reglamento pretende poner límites a una situación ya de por sí complicada.

Sin embargo, ¿es preciso preocuparse?, ¿a dónde va todo ese flujo de información que proporcionamos de forma deliberada?

La huella digital

Imagen de un mapa en 3d que representa la marca digital que deja un usuario en sus recorridos físicosLa llamada huella digital, el rastro que vamos dejando al usar Internet, dice más de nosotros de lo que podría adivinar un intruso al entrar en nuestra casa. Cuando usamos el navegador, estemos autenticados o no, la red manda diversas señales por las cuáles se infiere nuestra ubicación, el tiempo que pasamos navegando o las horas a las que nos conectamos. No creamos que acciones como desactivar el localizador o cambiar el navegador regularmente pueden encubrirnos: la tipografía y resolución de nuestra pantalla, el sistema operativo, la IP o las cookies, también son indicios de que ese rastro pertenece a un único usuario.

Además, están todas esas aplicaciones que, a priori, pueden parecen gratuitas. Al aceptar sus condiciones de servicio estamos accediendo a la entrega de nuestra localización y de nuestras cuentas, es decir, una vez más, les chivamos dónde estamos y les damos permiso para cotillear todo cuanto puedan saber de nosotros.

Los anunciantes compran estos “macrodatos” para segmentar sus anuncios publicitarios. Generalmente, esta filtración sirve para que la publicidad sea más directa, afín y efectiva. Ahora, es importante incidir en la educación del usuario y en hacerle consciente de que mantenga una actitud activa ante su intimidad.

Vídeo Chema Alonso CDO Telefónica

¿Cuál es nuestra responsabilidad como usuarios?

Imagen de unas manos sujetando un smarphone del que salen símbolos de notificaciones de redes socialesLo primero, como ya explicamos en nuestro artículo sobre el Reglamento General de Protección de Datos, es imprescindible que haya un consentimiento explícito por parte del usuario de que la información que aportamos podría ser tratada para otros fines diferentes. Es importante recordar que somos plenamente responsables del uso que hacemos de nuestra privacidad y que somos libres de proporcionársela o no a quien la solicite. Gracias a la regulación estamos tomando conciencia de que nuestra información es valiosa y no se regala, en todo caso, se intercambia. Por ejemplo, se puede acceder a ofrecer una dirección de correo a cambio de participar en descuentos y promociones.

Es nuestra responsabilidad leer con atención las políticas de tratamiento de privacidad, asimismo, las empresas cargan con la obligación de hacer unas reglas mucho más simples y entendibles a los usuarios.

¿Cuál es la responsabilidad de las empresas?

En el caso de un contrato con una empresa a la que debemos de proporcionarle información privada, el reglamento contempla el derecho a retirar el consentimiento en cualquier momento y, por supuesto, el derecho al olvido, es decir, la necesidad de eliminar toda la información cuando los servicios o el contrato caduquen por ambas partes.

La legibilidad en las leyes de protección es obligatoria y de ello dependerá su reputación. Empezarán a sobresalir y destacar por su capacidad de generar confianza en estos términos y las que no lo hagan, cerrarán, como le pasó a Cambridge Analytica.

Si analizamos a grandes rasgos lo que se extrae de la inteligencia de datos veremos que es información anónima que genera grandes patrones. Otra cosa es que se realice un acuerdo entre dos partes en el que una acceda a ceder información personal de la otra de manera individual y eso es lo que hay que regular.

Entonces, la solución pasa por la responsabilidad individual en la elección de empresas y servicios de confianza y las buenas prácticas de las corporaciones. Todo ello regulado desde las instituciones con una ley que proteja a los usuarios.

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